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Y tú, ¿ayudas o cargas a los demás? Conoce la diferencia

“El que se mete de redentor, termina crucificado”, señala un conocido adagio. Se refiere a que, en muchas ocasiones, meterse a solucionar problemas ajenos puede resultar contraproducente.

Muchos pacientes lo han aprendido de la peor manera:

  • “Pedí un préstamo para mi esposo, él ya no quiere pagarme y ahora el banco me está presionando”
  • “Recomendé a un amigo en mi trabajo, pero no le gustó y se fue sin avisar”
  • “Le presté el auto a mi primo, lo chocó y ahora no tengo cómo transportarme”.

¿Te suenan estos ejemplos?

“Ayuda a tus semejantes a levantar su carga, pero no te consideres obligado a llevársela”. Pitágoras

Conforme comienzan a amarse a sí mismos, los pacientes se dan permiso de poner límites. Pero sobre todo, entienden que todos somos capaces de resolver problemas. Es deseable. Es esperable. Es humano.

Por lo anterior, a veces se piensa que en terapia se aprende a dejar a todos en segundo plano para priorizarse a uno mismo. Si bien hay algo de cierto en eso, también es importante equilibrar el apoyo hacia otras personas. Pero hay que saber hacerlo.

Ayudar o… ¿cargar?

Ciertamente, muchos pacientes vienen de una tendencia de hacer todo por los demás y sin que se los pidan. Esa es la diferencia entre ayudar y cargar.

AYUDAR es apoyar a otros. CARGAR es resolverlo por ellos.

Te comparto ejemplos de algunos pacientes y tú misma detecta qué error estaban cometiendo:

Vanessa era una gran hermana mayor. Siempre se daba el tiempo de escuchar y jugar con el resto de sus hermanos. Uno de ellos solía ser muy retraído y casi no salía. Ella decidió que lo que él necesitaba era distraerse en un gimnasio. Le compró la membresía más cara y después se enojaba con él porque no quería asistir.

Aunque tiene un gran talento, Leonardo estaba en un trabajo que odiaba. Esperaba con todas sus ansias que llegara el fin de año para vacacionar en la playa con lo que la empresa le daría como aguinaldo. Pero la lavadora familiar se descompuso y él decidió destinar todo ese dinero para comprar una nueva, a pesar de que tanto sus padres como sus hermanos trabajan y, claro, también la usan.

Cuando estaba por agendar su primera cita, Pilar me dijo que podría ser para cualquier día, “menos los viernes”. Me explicó que tenía una nieta a la que alguna vez se ofreció a cuidar en lo que su madre realizaba un trámite. Poco a poco, ese rato se convirtió en horas y luego en todo un día, hasta que se volvió su obligación. Cuando la conocí, Pilar incluso ya dormía en el sillón porque la nieta también se había apropiado de su cama.

¿Por qué cargamos en vez de ayudar?

En mayor o menor medida, todos tenemos diversas herramientas para solucionar problemas. Más de las que imaginamos. Pero si todos podemos ayudar a otros, ¿por qué algunos prefieren cargarlos?

La respuesta estaría en algo que en psicología llamamos ‘ganancia secundaria’. Se trata de un beneficio indirecto (y a veces inconsciente) que algunas personas pueden obtener mediante un comportamiento autolesivo.

Es decir, es lo que alguien obtiene a cambio por, en este caso, cargar. Esa ganancia puede ser muy diversa:

  • Poder. Algunas personas cargarían a otros sólo para demostrar su ‘autoridad’, su capacidad monetaria, su visión para tomar decisiones…
  • Aprobación. A veces se tiene la idea de que sólo cargando a otros seremos ‘buenos’.
  • Evadir responsabilidades. Hay quienes prefieren cargar a otros que hacerse cargo de sus propias vidas.
  • Reconocimiento. A muchos les atrae el esquema de sentirse necesitados.
  • Creencias. En algunos credos, ciertas personas han considerado la idea del ‘sacrificio’, al pensar que sólo cargando a otros son dignos y merecedores.

¿Qué hacer?

El principal punto de partida es reconocer las señales de en qué momento has dejado de ayudar y estás comenzando a cargar. Después, identifica la ganancia secundaria (lo que obtienes a cambio de hacerlo). Sólo hasta entonces podrás poner el límite.

Analiza estos ejemplos:

Tu esposo tuvo un mal día en el trabajo o se siente aburrido…

  • AYUDARLO es platicar al respecto y/o proponer juntos qué hacer en casa.
  • CARGARLO es sentirte responsable de su aburrimiento y desgastarte en pensar cómo solucionárselo.

¿Te suena? Porque el hecho de que esté enojado y te sientas culpable por ello y responsable de alegrarlo también es una forma de cargarlo. Recuerda: quien considera que tuvo un mal día fue ÉL, no TÚ.

NO eres la responsable del bienestar de nadie que no seas tú.

 

Un familiar tuyo está en aprietos económicos y te pide dinero…

  • AYUDAR sería ofrecerle lo que puedas sin afectar tus finanzas.
  • CARGARLO sería endeudarte tú por conseguir un préstamo para ese familiar.

Tu hijo adolescente quiere un videojuego…

  • AYUDARLO es ofrecerte a cubrir la parte mayoritaria del costo y acordar labores extra en el hogar a cambio del dinero restante (y así enseñarlo a esforzarse por lo que quiere).
  • CARGARLO es dejar de regalarte algo para ti por comprarle el videojuego y sin pedirle nada.

Algo vital a considerar

OJO: con todo esto no estamos diciendo que no debemos ayudar a las personas. Todo lo contrario: somos criaturas sociales y estamos diseñados para coexistir y apoyarnos mutuamente.

De hecho, ayudar es un principio de abundancia. En la medida en que ayudamos, la vida también lo hace.

Si ayudar es hermoso, comienza por ayudarte a ti.

 

¿Te das cuenta de las diferencias? Algunas pueden ser muy sutiles, mientras que otras están a los ojos de todas las personas. Y tú, ¿a quién ayudas? Pero sobre todo, ¿a quién cargas?

 

Abraham Monterrosas Vigueras es periodista, trabajador social y psicólogo clínico, especialista en terapia breve.

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