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La anatomía de un buen decreto… ¿qué debe tener para ser efectivo?

Si yo te digo: “No pienses en un elefante”… ¿en qué pensaste?

Se trata de una oración de cinco palabras. Tu cerebro eliminó las primeras cuatro y sólo se quedó ¡con la que no queríamos que pensaras!

Con un ejemplo así es como en terapia suelo hablar de los decretos. Se trata de mantras que el paciente se repite en la cabeza lo suficiente hasta que forman parte de su sistema de pensamientos.

Lo que es adentro, es afuera.

Ya hemos hablado sobre los mantras y sus bondades. El problema ocurre cuando algunas de esas afirmaciones, si bien tienen una intención genuina de sanar, hacen todo menos ayudar a las personas, pues suelen estar mal planteadas o se enfocan en objetivos distintos a los que se están buscando.

Por ello, aquí algunos puntos de cómo debe estructurarse un mantra personal, el cual debe reunir cinco condiciones. Las describo a continuación con algunos ejemplos de pacientes:

1. Estar en tiempo presente

El futuro siempre será una apuesta imposible. No importa cuánto decretes; nunca llegará. Cuando des un paso, el futuro ya habrá dado dos; y cuando des cuatro, el futuro habrá dado ocho.

Afirmar en tiempo presente es una manera de lanzar el anzuelo hacia lo que queremos en la vida. Por ello, no servirán de mucho frases como: “Todo estará bien” o “Voy a encontrar un empleo perfecto”.

Tomando en cuenta este punto, esos dos ejemplos podrían cambiarse por algo como: “Todo está bien” o “Acepto el empleo perfecto para mí”.

2. Redactarse en positivo

Hay una sesión que dedicamos a la salud del paciente. Ahí, suelo preguntar sobre las enfermedades que ha padecido en su vida y si existe alguna que se repita en la familia. Eso me permite saber los patrones de conducta que han habido en casa y cómo eso se ha reflejado en sus cuerpos.

Cuando llegamos a esa sesión, un paciente me dijo: “No sé por qué tengo dolores en el cuerpo, si siempre me digo a mí mismo ‘No estoy enfermo’, ‘No estoy enfermo’, ‘No estoy enfermo’”.

¿Ya notaste el problema en su afirmación? Aplica el mismo ejemplo del elefante que leíste al principio.

Decretar en negativo es igual de inútil que ir a la tienda y pedir lo que no quieres.

Nadie acude a la tienda a decir: “No me dé jamón, No me dé galletas, No me dé leche”. El tendero seguramente dirá lo mismo que nos dice el universo: “Ya me dijiste lo que no quieres. Ahora dime qué es lo que sí para que pueda dártelo”.

Por eso, el mantra que solía decirse aquel paciente no le ayudaba. Sólo llamaba más de lo que no quería. Lo cambiamos por “Estoy sano. Merezco bienestar”. ¿Viste cómo esta vez no hay frases negativas ni palabras tóxicas?

3. Ponle todo tu amor

Alguna vez también hablamos sobre cómo las palabras tienen poder sobre nosotros. Y es que así como hay alimentos que nos nutren también hay pensamientos que hacen algo similar en nuestro interior.

Una de las palabras más sanadoras del mundo es ‘amor’.

Por eso, un buen decreto puede llevar esa palabra, en la medida de lo posible. Supongamos que una mujer siente una gran frustración porque sus padres la presionan para tener pareja o estudiar determinada carrera.

Un mantra para ella podría ser algo como “Me permito trascender las expectativas que mis padres tienen sobre mí”. Suena efectivo, por supuesto. Pero si queremos llevarlo a un siguiente nivel, podríamos optar por: “Con amor, me permito trascender las expectativas que mis padres tienen sobre mí”. De esta manera, el decreto fluye no desde el coraje, sino desde el amor.

Otra palabra mágica es ‘gracias’. Si queremos renunciar a un empleo, merecer prosperidad o atender alguna enfermedad, pueden funcionar decretos que incluyan una, otra o incluso ambas palabras: “Con agradecimiento, me despido de este empleo”, “Recibo con amor una vida próspera”, “Con amor y agradecimiento, escucho los mensajes de mi cuerpo”.

4. Adaptables

Los mantras te acompañan a donde sea que vayas. Y una manera de llevarlos de modo más fácil es ajustándolos. Es decir, algunos podrán acompañarte toda la vida, mientras que otros pueden transformarse.

Por ejemplo, un mantra de corto plazo es el relacionado con el trabajo, con algo como “Acepto el trabajo ideal para mí, donde mi talento es valorado”. Una vez logrado, puede transformarse por algo como “Agradezco y bendigo mi trabajo, donde mi talento es valorado”.

Por supuesto, el que sean adaptables no significa que tengan que estar incompletos. La idea es que sean fáciles de memorizar, pero al mismo tiempo digan lo que deban decir.

El más claro ejemplo es la llamada ‘Oración de la Serenidad’. Se trata de un mantra un tanto extenso, pero que no podría resumirse ni adaptarse más porque cada palabra es igual de importante:

“Dios: concédeme SERENIDAD para aceptar las cosas que no puedo cambiar, VALOR para cambiar las que puedo, y SABIDURÍA para reconocer la diferencia”.

5. Con la certeza de que ya es un hecho

Los mantras tendrán el alcance que tú desees y pueden ser tan específicos como quieras. Pero lo más importante de todo es que los repitas como si ya fueran una realidad. Para ello, es necesario recordar:

Tu decreto debe ser pronunciado con el mayor merecimiento posible.

Imagina al decreto como un puente entre el presente y lo que deseas. Ten visualizada la meta y el universo se encargará del resto.

Recuerda siempre que eso que has pedido ya te ha sido dado. Pronuncia tu mantra con esa seguridad. Algunas personas incluso suelen incluir al final frases como: “Y así es” o “Hecho está”.

Es tu momento de decretar

Ahora que ya conoces la anatomía de un decreto efectivo, ¿por qué no intentas elaborar uno para ti misma? Recuerda: en tiempo presente, en positivo, adaptable, con amor y la firme creencia de que ya es una realidad en tu vida.

Atrae lo que deseas, pídelo y permite que las manos del universo se encarguen de darle forma. Confía en el proceso, pero sobre todo ÁMATE en el proceso.

 

Abraham Monterrosas Vigueras es periodista, trabajador social y psicólogo clínico, especialista en terapia breve.

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