Cappuccino hay uno solo, y está en Italia

El cappuccino es una esas bebidas universales que todos aman. Sin embargo, no en todos lados se prepara igual, lo que lo hace un poco menos “universal”. El verdadero cappuccino está en Italia, creo yo. En años de viajes y horas incontables trabajando en cafeterías, comprobé estos hallazgos por mí misma. ¿Quieres saber cómo es la versión original? Te cuento.

Barista sirve cappuccino
El verdadero cappuccino ¿existe? Foto: LuckyBusiness/iStock

“Esto no es cappuccino”

Estas fueron mis exactas palabras cuando un mesero en Buenos Aires me trajo la bebida. Traía canela, pedazos de chocolate y una espuma que parecía “fermentada” de tantas burbujas. Al probarlo, en un intento de demostrar cierta apertura mental, el asunto no mejoró: el café era demasiado fuerte, parecía quemado. La leche estaba hirviendo. Lejos estaban esos cappuccinos espumosos como seda que probé cada mañana durante años cuando vivía en Italia.

La misma frase repetí – pero esta vez sólo en mi mente – cuando en una cafetería de Dublín pedí un cappuccino para beber en el local y me lo trajeron en un vaso descartable con tapa de plástico. Al abrir la tapa, la espuma había desaparecido. La arenilla del café molido quedaba pegada a los lados del vaso, triste y pegajosa, como un tema de Adele. Eso no era un cappuccino.

Otra vez, en un café de Monterrey, México, pedí un cappuccino y me trajeron una bebida sin consistencia, casi transparente. Al consultar cómo estaba hecha el barista me respondió que habían usado café americano. Ni siquiera lo probé, para ahorrarme la angustia.

Se repitió varias veces. En Australia, España, Estados Unidos, Uruguay, y la lista sigue: nadie sabía servirme el cappuccino como yo lo conocía y amaba. A veces era que lo traían en vaso de vidrio, otras que le agregaban especias a la leche, unas cuantas que el café era de filtro y otras que la espuma no era espuma o estaba quemada. Y en lugar de aprender de mi error y pedir otra cosa, me seguí indignando en cada lugar que visité.

Y si ya lo están pensando, tienen razón. Quizás sea una fundamentalista del cappuccino.

Se repitió varias veces. En Australia, España, Estados Unidos, Uruguay, y la lista sigue: nadie sabía servirme el cappuccino como yo lo conocía y amaba.

Cómo es un buen cappuccino o, en mis términos, el único cappuccino

En primer lugar, pensemos en granos de café frescos y molidos en el momento. ¡Nada de moler y guardar para la próxima! Disculpen, estoy gritando. Sigamos con más calma.

En segundo lugar, si se colocó la cantidad justa de café molido en la máquina, al caer debe dejar una especie de “capa” de oro que recubra el fondo de la taza.

Luego, hay que estar atentos a la temperatura. Al calentarse la leche debe inclinarse el jarrito casi por completo, para que la espuma se haga en la superficie con calma. Y no hay que quemarla (ni recalentarla, algo mucho peor). Así podremos asegurarnos de que quede esa espuma suave que cae como crema sobre el café.

Por último, hay que verter la espuma con la taza inclinada y haciendo pequeños movimientos, de modo que aquella se deslice por los bordes y vaya llenando la taza (con amor, por favor…y si se puede con un corazoncito).

En conclusión

Tiempo después de probar cappuccinos horribles en todo el mundo, me di cuenta de que no podía ser que nadie supiera prepararlos fuera de Italia. Desde entonces, antes de viajar o pasear me hice el hábito de buscar en Internet en qué lugares se servían buenas versiones de la bebida, lo más parecidas a la italiana. Y los encontré. Hay varios rincones en todas esas ciudades que preparan cappuccinos auténticos, para mi tranquilidad.

Por supuesto, hay quienes lo prefieren con canela y chocolate o con leche hirviendo, en vaso de vidrio y hasta con café de filtro. Y está bien. Solamente pido que no lo llamen cappuccino, por favor. Háganlo por mí.

Y tú, ¿cómo prefieres beberlo?

momnoi/iStock

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