El amor después del amor

Capítulo 1: el encuentro

Había sido mi primera y más larga relación de pareja seria. Y, aunque duró unos cuantos años y me dejó el regalo más preciado de mi vida, mi hija, había sido también, un completo desastre. Tras muchas idas, vueltas y sobre todo, lágrimas, finalmente había tomado el valor de ponerle fin y lo último que esperaba era volver a enamorarme. Todo lo contrario. Aunque recién había cumplido los 30, estaba convencida de que, para mí, se había acabado el amor. ¡Cuán equivocada estaba!

Tan solo dos semanas después del “hasta acá llegué” definitivo a mi ex, la vida, la casualidad o, en realidad el mal clima, que entorpeció mi regreso de un viaje laboral, me puso delante a un hombre maravilloso. Spoiler alert: ya pasaron casi 3 años, estoy perdidamente enamorada y lo único que quiero es love, love y más love. Claro que, llegar al romance fue un desafío al miedo.

Aunque el clic entre nosotros fue inmediato (¿te sucedió de recién conocer a alguien, pero sentir que estaban destinados, que era como si se conocieran desde siempre?), e incluso hablamos a diario y a montones, la primera cita tomó dos semanas en concretarse. Por mi miedo, debo reconocer: “¿Mira si solo quiere una aventura?” “No estoy lista para acostarme con el primero que se me cruce.” “¿Y si vuelvo a sufrir?” “¿Cómo sé que no me va a usar y descartar?”… ¡Te imaginarás el resto!

Capítulo 2: me encantó, ¡¿qué hago?!

Para hacer corta una larga historia, resulta que las ganas le ganaron al miedo. ¡Por suerte! Fue la mejor cita de mi vida. De esas que duran mil horas pero parecen un suspiro: romántica, íntima, de pura conexión y electricidad entre nosotros.

Pero tampoco era como recordaba del primer enamoramiento, allá por los 20. Las “mariposas”, como dicen, tardaron en llegar. Era mágico, pero diferente. Y de nuevo las dudas: “¿Será que no es verdadero amor?”

Amor Capítulo 3: volver a confiar

La sabiduría llegó de la mano experta de mi mamá. Al parecer, según me dijo, el amor muta con los años, a partir de las expectativas diferentes que uno va teniendo y de las vivencias más o menos gratas del pasado. Además, cuando hay hijos de por medio, se ponen otras cuestiones en la balanza y el salto de confianza puede ser mucho mayor.

Debo decirte que, en su momento, la explicación me cerró bastante y fue el empujoncito final que necesitaba para arriesgarme a vivir la que se convirtió en mi mayor historia de amor.

Una mano amiga

¿Estás en el camino de encontrar el amor después de un divorcio? ¡No estás sola! De hecho, puede que, a tu alrededor, haya muchas mujeres sabias capaces de dar cátedra al respecto. Pero, si todavía no hallaste esa mano amiga con quien hablar del tema, te dejo algunas cuestiones interesantes que leí al respecto en los sitios Psychology Today y Huffington Post:

  • Las parejas más felices suelen ser aquellas en sus segundas nupcias, que se tomaron verdadero tiempo en elegir cuidadosamente y que usaron su primer matrimonio como un momento de aprendizaje.
  • Puedes reescribir las reglas. Si, por ejemplo, te sentiste manejada en tu primera relación, ahora podrías empezar de cero y hacer oír tu voz. ¡Y es genial que así sea! Porque, lo más probable, es que con el paso de los años, tus prioridades y deseos sean bien distintos a aquellos que tenías con tu primer amor.
  • Tienes una oportunidad para redescubrir tu sexualidad y amigarte con tu cuerpo (sí, aún si lo sientes imperfecto).
  • Los pecados del pasado no deben ser revisitados. Aunque es bueno mantener las luces rojas para no repetir errores, el truco es recordar que estás tratando con una persona completamente diferente. Nadie merece pagar por los errores de otro.
  • La comunicación es clave. Muchas relaciones mueren por la incapacidad de hablar de los problemas de manera pacífica y productiva como pareja. ¿Ya te sucedió? No repitas el error.
  • El amor toma tiempo, especialmente cuando se trata de curar las heridas de una separación. No apresures las cosas, permítete sentirte de 17 otra vez, pero con la sabiduría de la madurez. Después de todo, y a diferencia de las películas, las segundas partes pueden ser maravillosas. ¿Qué crees?

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