San Valentín en los tiempos de las cuatro décadas

Para las mujeres de nuestra generación, el día de San Valentín es una tradición que conocimos de adultas, una costumbre que veíamos en las películas pero que nunca llegó a tocarnos de cerca. Más aún, las que crecimos en países en donde no se celebraba, como en mi caso, en una ciudad pequeña de Argentina.

Hoy, cuando el 14 de febrero nos encuentra más prácticas y con los pies sobre la tierra, ante tanto derroche de corazones rojos, las opiniones entre nosotras, las cuarentonas, están divididas. A algunas les resulta una celebración pintoresca, a otras una vulgaridad, una cursilería, una excelente oportunidad para los vendedores de flores y chocolates, y también hay un grupo que les da exactamente igual.

Para mi amiga Achu, es un empalago comercial que, aparentemente, la apabulla. Con su habitual humor irónico, lanzó desde su muro de Facebook una petición para quienes quieren vendernos corazoncitos rojos hasta en la sopa. “¡Basta de San Valentín! ¡Vuelvo en marzo, chau! No tengo un peso y mi amor pasa por otro lado. Gracias”, escribió, generando una acalorada reacción de su audiencia, con comentarios a favor y en contra.

Por mi parte, creo que a esta edad San Valentín tiene que ver con nosotras mismas, es poder darnos el lujo de celebrarlo o no, de gritar a los cuatro vientos nuestra disconformidad contra el consumismo, como Achu, o seguir el juego y divertirse un rato con un día lleno de rosada afectación, flores, corazones y frases de telenovela, con o sin pareja.

Yo estoy en el grupo de las que toman San Valentín como una fecha pintoresca, que nos da el permiso de ser todo lo cursi que queramos, y pasar un momento diferente, más allá de cualquier aniversario o celebración especial.

Pensar en un otufit sexy aunque después no me lo ponga, preparar una linda mesa en casa, con velas y flores (¡ni loca ir a hacinarme a un restaurante!), escuchar música tranquila y halagar el paladar con la comida y el vino que más nos gusta. Así mi mesa de uno de nuestros 14 de febrero en casa:

Están también aquellas mujeres que, aún no estando en pareja, ese día deciden celebrarse a sí mismas con algo que les hace bien: un masaje, ir al salón de belleza a que las atiendan como reinas, comprarse ese vestido que les encanta, o darse un eterno baño de inmersión, en compañía de su libro favorito.

Hay quienes lo celebran con amigos, u organizan una fiesta roja y rosada, y botan la casa por la ventana, o las que simplemente deciden no hacer nada y transitar este día como uno más.

Lo bueno de vivirlo a esta edad es que nosotras somos dueñas de darle a San Valentín el significado que queramos. ¿Y quién nos puede decir algo? Y si nos dicen… ¡qué nos importa, ¿verdad?!

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