El día que decidí almorzar lejos del escritorio

Hacer un recreo para almorzar puede favorecer tu productividad y hasta hacerte más feliz. ¡Descubre por qué!

Ya era un hábito: tocaban las 12:30, abría el tupper y en pocos minutos, casi como si se tratara de una responsabilidad más, comía rapidito el almuerzo delante del computador. ¿Si disfrutaba de la comida? ¿Si registraba si quiera lo que había comido? ¿Si dejaba descansar mi mente para retomar “fresca” las actividades de la tarde? No creo necesitar decirte que ¡para nada!

Contrario a lo que algún rincón de mi ser asumía al adoptar semejante mal hábito, lejos estaba de hacerme más productiva o ayudarme a cumplir con los pendientes.

En cambio, más pronto que tarde, mis días se volvieron una sucesión de horas todas iguales y hasta mi cuerpo comenzó a sufrir: tenía hambre al poco tiempo, me dolían las piernas y la espalda, y sentía enorme agotamiento mental.

Así anduve varios meses hasta que, casi de casualidad, recibí de otra Savvy Gal, la clave del éxito: “Deberías hacer como Vero, que se toma 40 sagrados minutos de almuerzo”. Sin dudarlo dos veces, me sumergí en la propuesta.

En cuanto tocó la hora del almuerzo, cogí mi vianda y busqué un lugarcito templado bajo el sol en mi balcón. Fue un antes y un después.

Ya el primer día, noté cambios positivos: aunque habían sido tan solo unos breves minutos de descanso, sentí una relajación mental, como hacía tiempo no recordaba. Y dio frutos: al volver de la comida, cumplí rapidísimo con mi siguiente asignación ¡y de manera mucho más original! Era como si hubieran oprimido el botón de “refresh”, en mi cerebro.

Lo mismo sucedió con el hambre. En vez de sentir ganas de un snack al rato, pude pasar varias horas sin antojos. ¿El secreto? Según leí, prestar atención a la hora de comer, nos permitiría reconocer mejor las señales de saciedad de nuestro cuerpo y, además, disfrutar mucho más de la experiencia.

Y estas no serían las únicas ventajas de comer lejos del escritorio. Además, como indica la revista Best Health:

  • Reduce los dolores
    La mala postura y el estar sentado en una misma posición ejercen presión sobre la columna lumbar y los músculos que ayudan a sostenerla. Pero, gracias al movimiento durante el almuerzo, se pueden contrarrestar estos efectos negativos, favoreciendo la comodidad durante el resto del día.
  • Mejora la concentración
    ¡Especialmente si haces ejercicio durante tu lunch break! Podrías experimentar hasta un 41% más de motivación y un 21% más de concentración, al retomar tus tareas.
  • Reduce el estrés
    Los recreos para almorzar pueden darte la oportunidad de cuidar de ti misma y hasta de completar algunos trámites pendientes, restando estrés al resto de la jornada.
  • Mejora la digestión
    Comer a un ritmo lento no solo te brindará el placer sensorial de saborear tu comida. Además, podrías tragar menos aire, minimizando los gases y la hinchazón.

Como vez, tienes numerosas buenas razones para almorzar lejos del escritorio. No solo podrías acabar siendo más productiva en el trabajo, sino también, vivir una vida más saludable y feliz. ¡Qué esperas!

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