Un desmayo que me dejó muchas enseñanzas

¿Estás lista para una emergencia doméstica? Un desmayo de madrugada puso en evidencia que tenía aún, mucho por hacer.

No era la primera vez que la presión arterial me jugaba una mala pasada. Y sin embargo, aquel desmayo de madrugada, me conmovió de una manera hasta entonces, inédita.

Quizás fue que, al perder el conocimiento, dejé un rastro de objetos tumbados que hicieron estruendo como para despertar a medio vecindario. O tal vez el hecho de que la caída, me dejó magullones en los brazos y las piernas, que dolieron durante semanas. O incluso también, que por esa suerte del destino, estaba casualmente con mi pareja que pudo asistirme de inmediato, y no sola en casa con mi hija, como suele ser la regla.

Pero, sea por uno u otro motivo, lo cierto es que el desmayo, tuvo un efecto de conmoción tal, que me llevó a reconocer que, si algo no estaba, era lista para una emergencia.

Hay que evitar levantar a la persona, para evitar que pueda volver a desmayarse.

Entrenando a mi hija

Lo que más me preocupó fue la idea de que la situación volviera a repetirse estando sola con Sofi, que por entonces tenía 6 años. Y si bien es cierto que, siendo mamá soltera, somos ya un equipo imbatible, me aterró la idea de que hubiera sido ella quien me hallara tendida en el suelo. ¡Me imagino el miedo que podría sentir!

Fue entonces, que recordé una noticia en la que una pequeña niña de Florida, había salvado la vida de su mamá accidentada, llamando al 911. Algo tan sencillo y que, sin embargo, puede hacer una enorme diferencia en momentos de crisis.

Con esa idea en mente, emprendí mi primera labor: hacerle memorizar a mi hija, el número de la emergencia y explicarle que se encontraría con una operadora a quien debería transmitirle lo que estaba sucediendo, para que pudieran asistirla. Luego, ensayamos llamar a su abuela, el adulto de la familia que vive más cerca de nuestra casa. ¡Claro que por las dudas, apuntamos todos estos números en un papel!

Emergencias 101

Ya con la idea tranquilizadora de que ella se encontraría medianamente bien ante una emergencia médica  de su mamá, emprendí mi segunda tarea: aprender qué hacer frente a un desmayo.

Resulta que, al oír las cosas golpearse en mi camino al suelo, mi novio saltó de la cama y tuvo, como primer impulso, intentar levantarme. ¿Y si me hubiera golpeado la cabeza? Ni que decirte que, cuando volví en mí, estaba tan mareada que no podía pararme y me dolía todo.

Según leí en el sitio de la Clínica Mayo, los desmayos se presentan cuando el cerebro deja, temporalmente, de recibir suficiente sangre.

Cuando esto sucede, quien presta la asistencia debe colocar a la persona boca arriba. Si no hay lesiones y está respirando, hay que levantar las piernas por encima del nivel del corazón (unos 30 cm). Es recomendable, además, aflojar cinturones, collares o cualquier otro elemento ajustado.

El dato clave: hay que evitar levantar a la persona, para evitar que pueda volver a desmayarse.

Es usual que se recupere el conocimiento a los pocos segundos. Pero, si no sucediera en un minuto, es preciso llamar a la emergencia.

¿Y si la persona no respira? La comunicación al 911 debe ser inmediata y es esencial comenzar con la reanimación cardiopulmonar, hasta que llegue la ayuda.

Finalmente, si hubo cortes en la caída a causa del desmayo, se debe controlar el sangrado aplicando presión directa, concluye la Clínica Mayo.

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