Mi casa, mi empleo: haz confortable el trabajo freelance

Trabajar desde casa tiene muchísimas ventajas. Pero, sin orden y en el espacio incorrecto, puede volverse un desafío. 

Era un desastre. Sí, tan terminantemente pueden resumirse mis primeros meses de trabajo freelance. ¿Para tanto? Te cuento.

Aunque había tenido algunas experiencias previas, comencé a trabajar full time desde casa, cuando mi hija era una bebé de tan solo unos pocos meses. Ya vamos mal. Si la maternidad de por sí puede ser un desafío (ni qué decir para una mamá soltera de 26), imagina tener que escribir una nota con una pequeña en brazos o saciándose en el pecho.

Encima, mi organización dejaba mucho que desear. Trabajaba a deshoras, en pijama al mediodía y, para sumar malestar, por entonces vivía en un departamento de alquiler con poquísima luz natural.

Lejos estaba de la fantasía de la “mejor manera de realizarse profesionalmente”, que había leído podía ofrecerme el trabajo freelance.

Confieso que estuve al borde de la desesperación. Pero, no podía tirar la toalla. Acababa de quedarme sola, no tenía con quién dejar a mi hija para irme el día entero a una oficina y precisaba el dinero para salir adelante.

¿Qué hacer? La resiliencia, por suerte, me acompañó. Estaba claro que no podía seguir así y, como no es mi estilo dejarme vencer por la vida, emprendí algunos cambios:

1. Casa nueva, vida nueva. Mi primer paso fue mudarme. Encontré un departamentito muy cerquita de mi familia y, aunque algo más costoso del que alquilaba… ¡Tenía hermosos ventanales! Gané en luz, aire fresco y hasta me regalé un balcón con plantitas, en el que hacer una pausa con el tradicional mate argentino, entre un compromiso y el siguiente.

2. A trabajar, con ropa de oficina. Bueno, quizás no de oficina. Pero seguro, no en pijama. Sucede que, una de las dificultades más habituales trabajando desde casa, es hacer el corte entre las responsabilidades y el tiempo de relax. Los espacios comienzan a fusionarse y, llegado un punto, puede escalar el estrés. Por suerte, la vestimenta, es una manera sencillísima, de delimitar ambos tiempos.

3. El horario lo es todo. Así como la ropa, definir y cumplir una jornada laboral me resultó esencial, y mucho más productivo. Como fui descubriendo que en la mañana rendía más, me organicé para comenzar a escribir bien temprano y dejar las horas en que mi energía cae, para el descanso.

4. Niña entretenida, es fundamental. La verdad, es que no puedo quejarme. Mi hija fue siempre muy tranquila y compañera, por lo que desde muy pequeña, comprendió que su mamá trabajaba en casa y precisaba concentrarse. Sin embargo, como no deja de ser una niña que precisa de su mamá, le armé un espacio de juego junto a la mesa, que me hace de espacio de trabajo. Hasta su propio computador de juguete, llegó a tener.

Así, con estos sencillos cambios, pude finalmente disfrutar de los ansiados beneficios de este estilo laboral y, hoy, no cambiaría por nada el trabajo freelance (¿quizás por un salario millonario?).

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