Quizás te estés autoboicoteando, y aún no lo sepas

Todo lo que atribuyes a tu “mala suerte” podría ser tu propio mecanismo de autoboicot.

¿Siempre te “toca en suerte” la persona equivocada?¿Los empleos a los que aplicas resultan ser uno peor que el anterior? ¿Te la pasas diciendo “todo me sucede a mí”? ¿Cada días estás más convencida de tu mala fortuna? Si la respuesta es sí, hay muchas chances de que quizás seas tú la causante de todo eso.

Mujer sostiene bola de la fortuna
Tus problemas ¿son destino o consecuencia? Foto: Photo by Oleg Magni

 “¿Qué hice yo para merecer esto?”

¿Te ha pasado alguna vez que al alcanzar lo que tanto tiempo esperaste, de repente te deprimes o te lamentas porque no es “exactamente” lo que querías o como lo querías? ¿Te has puesto alguna vez a pensar si tienes alguna responsabilidad en aquello que le atribuyes a tu (mala) suerte?

Una característica de las personas que se autoboicotean, coinciden los psicólogos, es la incapacidad de ver la propia responsabilidad en los acontecimientos de su vida. En vez de eso, optan por echarle la culpa a la suerte o a los demás de lo mal que les va. Y una vez que les va bien, tampoco aceptan ese hecho, sino que esperan lo peor o desconfían de que lo alcanzado sea algo realmente meritorio.

Desde ya, existen eventos fortuitos como accidentes, tragedias, enfermedades inesperadas y ciertas vueltas de la vida que pueden atribuirse al azar. Pero, sincérate: ¿Cuántas de esas cosas te suceden o te han sucedido? ¿Existen los eventos irreparables? ¿A cuántos te has enfrentado? Mi mamá me dice siempre: “Lo único que no tiene solución es la muerte”. Y tiene razón.

El problema es que cuando estamos en “modo autoboicot” no nos damos cuenta de eso y sólo vemos la imposibilidad. Ante una oportunidad de hacer algo para mejorar nuestra vida, no vemos una posibilidad, sino algo más que no resultará, coinciden los expertos: “No puede hacerse”, decimos, y aún habiéndolo logrado nos repetimos: “Probablemente no dure”.

¿Por qué nos planteamos un problema para cada solución?

Para encontrar responsables, mirarse al espejo

Las personas se autoboicotean por varias razones, una de las más comunes es fácilmente rastreable: la baja autoestima. También se relaciona con la comodidad de no hacernos cargo de lo que nos pasa (mejor que sea culpa de algo que escape a nuestro control, ¿no?). Por otro lado, el autoboicot puede ser tan sutil que no lo notemos enseguida.

Las personas se autoboicotean por varias razones, una de las más comunes es fácilmente rastreable: la baja autoestima.

 

Tres ejemplos para pensar:

– Cuando cursaba la carrera de periodismo en la universidad, tenía un compañero que el día anterior a rendir un final salía de copas y “accidentalmente” se emborrachaba. Así, llegaba al examen con resaca, lamentándose con los demás del mal estado en el que se encontraba. Sin embargo, y por más obvio que parezca ahora, él no notaba ese mecanismo de autoboicot que culminó en el abandono de la carrera.

– La hermana de una amiga con quien tengo bastante cercanía, me contó durante años sus “desventuras” amorosas. Ella deseaba fervientemente enamorarse, casarse, tener hijos, y en todas las conversaciones que teníamos (espaciadas en meses) me contaba lo mal que estaba porque “otra vez” se le había “cruzado” un mal hombre en el camino. Siempre sus historias tenían un tinte trágico de eventos que escapaban a su control, como por ejemplo, el haberse enamorado “una vez más” de un hombre que ya estaba en una relación con otra persona.

Pareja besándose
¿Te enamoras siempre de la persona equivocada? Quizás sea una forma de boicotear tu felicidad. Foto: freestocks.org on Pexels.com

– Una compañera de piso con la que viví en Barcelona vivía en conflicto con su situación laboral. Tenía un diploma universitario en fotografía, pero siempre había trabajado de camarera y eso la angustiaba. Es entendible, desde ya, si tenía que pagar las cuentas y no tenía otras posibilidades. Pero no era el caso: más de una vez presencié cómo las oportunidades se le presentaban para hacer algún trabajo de fotografía y ella las rechazaba por no ser “exactamente” lo que ella buscaba, o por parecerle un trabajo demasiado amateur para ella (quien, paradójicamente, no tenía experiencia en el asunto más allá de su título).

Si alguno de estos ejemplos te suena familiar, quizás estés tan metida en tu autoboicot que ni siquiera lo hayas notado. ¿Un consejo? No culpes a nada ni a nadie más de tu suerte: tú eres responsable de transformar en una oportunidad lo bueno y lo malo que te sucede.

Y no olvides la frase de mi mamá: “Lo único que no tiene solución es la muerte”.

Cuéntame tus experiencias con este tema: ¿en qué aspectos sientes que te estás autoboicoteando?

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jacoblund/iStock
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