Más sabias, ¿pero con menos sentidos?

Hacia la menopausia, podríamos empezar a ver el mundo con otros ojos. ¡Mira lo que halló un estudio!

En las revistas, las películas, los medios en general… Aunque suene inocente decirlo, nunca entendí bien los por qué, detrás de ese afanoso mensaje de que la mujer, para ser valiosa, debe conservar una suerte de “juventud eterna”. Y cuando no, parece que es asechada por un cruel reloj interno que le resta, con cada tic, chances de realizarse como mujer.

Para mí, en cambio, con cada nueva marca de expresión, las mujeres reales vamos revelando una muy merecida sabiduría. Ya no nos dejamos enroscar tan fácil por promesas vacías en el amor, dejamos de dar tantas explicaciones por ser nosotras mismas, o de justificar que nos gusta esto o aquello…

De hecho, si con el paso del tiempo ya no nos conformamos con las ilusiones de veinteañeras o ansiamos que finalmente llegue una renovación laboral que nos catapulte a la cima, ¿por qué esperamos mantenernos físicamente inmutables?

El cambio puede alimentarnos, hacernos sentir más cómodas, más confiadas. Sí, incluso si está motivado por la (¿tan temida?) menopausia.

Tan estigmatizada que parece la pobrecita, y tantas ventajas que pueden encontrársele: adiós dolores menstruales, bienvenida sexualidad libre sin miedo al embarazo, chau gastos en tampones y toallas femeninas.

También claro, vendrá acompañada de otros cambios físicos no todos placenteros, pero, si de cambios se trata, la menopausia traería consigo algunos, que me resultaron un tanto inesperados: ¡reduciría nuestros sentidos! Paso a contarte este hallazgo.

Los sentidos, según pasan los años

A medida que envejecemos, el modo en que nuestros sentidos (oído, vista, tacto, gusto y olfato) nos brindan información del mundo, cambia. Se volverían cada vez menos agudos, haciéndonos más difícil reconocer los detalles, explica el sitio MedlinePlus.

Sin embargo, puede tratarse de algo más que de una cuestión perceptiva. El oído, por ejemplo, no es solo responsable de que oigamos los sonidos a nuestro alrededor o de favorecer la comunicación.

Una pequeña porción de éste, el oído interno, es además, la encargada de ayudarnos a mantener el equilibrio. En consecuencia, y aunque ciertamente seamos mujeres más sabias por las experiencias vividas, podríamos ser también, sabias torpes. Es que podría hacérsenos cada vez más complicado, controlar el equilibrio al sentarnos, pararnos o caminar.

De igual modo, las papilas gustativas en la boca van siendo cada vez menos, y se reduce la producción de saliva. Y esto, como podrías estar imaginando, trae consecuencias en nuestra capacidad de saborear los alimentos, indica el sitio HealthCentral.

Así que, ¿puedo darte un consejo? Aprovecha a disfrutar ahora de todo eso que te gusta. Para los 60, ya no podremos apreciar tanto las comidas, ¡especialmente las dulces o saladas!

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